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Todo sale del lodo

(Artículo publicado en la sección El Otro Partido, de El Día de Córdoba sobre el partido Córdoba-Valladolid)

“Yo soy músico y me acuesto a las diez”. Así respondió el director general del Córdoba, Carlos Hita, cuando le preguntaron en la puerta cero del estadio sobre la venta de la sociedad en la que ejerce y, por ende, sobre la presencia de Alessandro Gaucci ayer en el Municipal de waterpolo de El Arcángel. Porque, entre el suspense por la visita del mejor postor por el club y el desfase de puntos en Liga que lleva esta entidad, lo único que quedaba por ver esta temporada era un encuentro como el que se jugó ayer. Precisamente ayer.Uno que, no se sabe muy bien por qué, no se quiso perder el evento fue Efrén, quien antaño trabajara como jugador de fútbol y luego se dedicara a participar en Gran Hermano. Debe ser amigo del atacante vallisoletano Javi Guerra. Aunque le hubiera encantado ser el objetivo de los flashes, a él casi nadie le echó cuentas estando todo el mundo como estaba en otros menesteres.

Por un lado, los rectores encabezados por el presidente Salinas y el vicepresidente económico Prieto. Limando esos mínimos flecos del traspaso de poder dentro de la situación “extrema” que vive el club, como ha sido calificada por ambas partes contratantes. También merodeaban los representantes, ayer muchos en el campo, mercadeando para los próximos días y revoloteando como gavilanes sobre huevo que va a romper. El tercer estamento, en la base de la pirámide del poder futbolístico, siempre es la hinchada. El pueblo llano, moderadamente informado sobre toda la movida que está gestándose en el seno de lo que consideran su club. Una vez más volvieron a mostrar una fe inquebrantable en algo que no todo el mundo es capaz de entender. En esta ciudad, demasiada poca gente lo comprende.

Ayer, como influenciados por el totum revolutum que se vive en el Córdoba, estaban algo más inquietos de lo habitual. Más decididos a apoyar. Suele pasar en El Arcángel cuando hay poca gente (menos que ayer no ha habido en ningún otro partido anterior de Liga esta temporada) y cuando casi todo se pone en contra. A veces es el árbitro, otras el rival y ayer tocó el turno de chillar contra el viento y escupir contra la lluvia. Y, a pesar de perder cientos de batallas, vencieron la guerra.

Por batalla debe leerse tener que exiliarse de su localidad por las goteras (las hubo a raudales en los sectores dos y seis de la Preferencia Alta y en varias zonas de fondo norte). También es una lucha perdida la de regresar a casa sin parecer un muñeco de arcilla cuando caen tres gotas por culpa de los tercermundistas accesos al campo. Como quiera que ayer caía agua para llenar mil cazos, a alguno le habrá caído un buen rapapolvo de su señora esposa (o madre) en forma de “a quién se le ocurre ir al fútbol con la que está cayendo”. Un ejercicio de paciencia, cama y un buen bocata de couldinas es el pequeño remedio y consuelo. Al menos, la guerra particular la ganaron aunque debiera haberse solicitado un armisticio.

Porque, en un desastroso ejercicio de natación sincronizada, sus muchachos tuvieron más suerte, un poco más de tino y un tanto más de casta (las dos escuadras la tuvieron por no negarse a jugar en tal orden de cosas) y se llevaron el gato al agua (ay, el chiste). El éxito, siempre parcial y efímero, se perpetuará en Liga al menos dos semanas por efectos del mínimo parón invernal.

Sirva de acicate para el inminente nuevo futuro de esta institución y para el interesante –se pongan como se pongan– duelo de Copa del martes ante el Deportivo. Y como revulsivo actúe el expresivo comentario en el gran instrumento de difusión llamado Twitter de un aficionado ocurrente: “Acabo de ver que ha ganado el Córdoba. No quiero saber cómo”.

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