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Tonicruz

Los cuartos

Un auténtico aficionado al fútbol no aprecia fiesta cuando los demás agitan ingenuamente sus bufandas. El verdadero seguidor de un equipo se muerde las uñas y arranca los pelos de su corazón cuando sufre por sus colores. Llora, vive, muere…pero nunca festeja del todo porque sabe que su batalla, generalmente, no acaba en victoria final, sino que conduce a otra más intensa. Más exigente. Sirva este pequeño prefacio como manera de glosar el histórico pase de la selección española a semifinales de este Mundial que ya, para ella (por ende para nosotros), será catalogado de maravilloso. Los cuartos de final de este campeonato tuvieron dosis de emoción, alguna que otra sorpresa y una exhibición por todo lo alto. Es decir, cada uno de los cuatro partidos fue una historia digna de ser glosada y almacenada en la memoria de los que viven con pasión este deporte. Los de verdad, no los millones que se apuntan al carro en los días señaladitos.

Robben y la traición amarilla

Holanda eliminó a Brasil. El titular sorprende por adelantado, toda vez que la selección oranje no estaba rindiendo a su mejor nivel en este torneo y los sudamericanos parecían seguir una progresión interesante que les mostraba más –aparentemente- seguros a cada partido que disputaban. Todo parecía de cara cuando Robinho coló el 1-0 tras un fantástico pase de Melo y una monumental empanada de la defensa holandesa. Dunga podría colocar su férreo esquema con el argumento de los hechos consumados y lo hizo sin reparos, pero no contó con que el que acaso era su futbolista más preciso –el portero Julio César- fallara en el momento supremo. Su error en el tanto del empate pasará a los anales de este campeonato. Se encarnó en él esa maldición que pesa desde el 50, cuando todo el país condenó a Barbosa por el Maracanazo. “La pena máxima en Brasil son 20 años. Yo ya llevo cumpliendo 44 años de condena", dijo después el traumatizado cancerbero. Con el 1-1 llegaron las dudas y las piernas de los sobredimensionados jugadores brasileños temblaron. No las de Robben, que certificó su fantástica temporada en el Bayern con un encuentro perfecto y desquició a zaga, medios y atacantes rivales. El resultado, claro, que la Holanda de van Maarwijck ya se ha convertido en la candidata que algunos (puedo vanagloriarme de que también aposté por ella) señalaron tras su inmaculada fase de clasificación. En Brasil, claro, la eliminación sentó como un tiro. Dunga se tendrá que ir. Tal vez su pena será tan larga como la de Barbosa.

En el partido de locos, el Loco fue el Rey

Es un tío rarísimo. Ha jugado en ocho ligas distintas. Es un mercenario de este deporte que sale a casi dos equipos por temporada. Un culo inquieto al que únicamente tenerle cerca, con toda su humanidad, puede servir de auténtica referencia de su verdadera locura. Abreu fue el encargado de devolver a Uruguay, su país y única referencia para tenerle localizado, a semifinales de un Mundial treinta años después. La doble campeona ha estado mucho tiempo sumido en la lógica mediocridad de sus escasas dimensiones y de sus gigantescos vecinos. Ahora, por mucho que haya seguido el camino más teóricamente asequible que los otros tres convidados a las semifinales, puede decir con orgullo que vuelve a ser la mejor de América. Lo logró, claro, en un partido de locos. Suárez salvó el pescuezo de su equipo en el minuto 120 de encuentro, esto es, al final de la prórroga, con una mano de gran portero. Y eso que lo suyo es marcar. Sus lágrimas le hacían parecer demonio, pero acabó siendo elevado a los altares. Gyan mandó el Jabulani al cielo africano y con él gran parte de las ilusiones de todo su continente. Luego llegó la tanda de la suerte suprema y los ghaneses suspiraron más. A Abreu, que está como una cabra, se le ocurrió la gracia de tirar el penalti definitivo centrado y flojo. La pelota entró con suspense, pero sin emoción. Iba a ser gol. El loco lo festejó con una sobriedad impropia. Tenía que ser de esa manera ante lo elevado del momento.

Un rodillo

Alemania está en plan rodillo. A su cerebral manera de manejar las emociones de los partidos ha sumado la picardía de sus mejores jugadores y recuperado la efectividad letal de un delantero que siempre llega a estos torneos en su mejor momento. Discrepo con los que opinan que cuenta con grandísimos futbolistas a nivel técnico. Los alemanes son jugadores con personalidad, pero que rinden de esta manera tan brillante porque cuentan con un compañero hecho a su medida a su lado. Algo como –salvando distancias- lo de España en la Eurocopa. Es decir, Özil es genial porque Khadira le hace serlo. Müller, porque cuenta con el apoyo de un Lahm fantástico y Klose, a su vez, porque se siente perfectamente comprendido por Schweinsteiger. Argentina sufrió de mala manera esta forma coral del fútbol –la única comprensible- y recibió una lección. Maradona, que puede que algún día llegue a ser entrenador de fútbol, asistió a una clase de eficacia de su colega Löw y el deporte fue justo con la mejor selección hasta el momento del torneo. Messi se va sin marcar del torneo, Maradona le exculpó ante la nación, pero suya es la culpa de su bajísimo rendimiento. Seguro que de alemán le hubiera ido mucho mejor.

Mito

Sí, fue un mito lo de España. No importa que su partido ante Paraguay fuera una –otra- patraña. Que Casillas tuviera que aparecer dos veces para salvar las castañas. Que Del Bosque volviera a equivocarse insistiendo en los tres medioscentros –esta vez el que falló fue Alonso-. Que fuera la suerte de contar con un enorme goleador la que salvara el k.o. Es lo mismo. Cada vez que miro el cuadro de cruces que relleno en cada torneo siempre recuerdo llantos precedentes. Siempre el mismo punto maldito de retorno. Desde que tengo memoria en tres ocasiones -86, 94 y 2002- tuve que apuntar el nombre de otra en esa penúltima casilla. Veía como algo imposible pasar esa limitación que nos hacía menos en este deporte que vecinas que han aportado a muchos menos futbolistas al recuerdo. Muchas generaciones de profesionales del balón soñaron con el instante en el que el mal árbitro Batres pitó el final del partido del sábado. Demasiadas hornadas de seguidores de este país hemos padecido la mutilación de un recuerdo tan bonito como es el de agitar una bandera con orgullo. Ahora, pase lo que pase el miércoles –que lo más lógico sería lo peor- ya podemos contar que lo hemos vivido. Si algo más cae… ¿se imaginan a España en una final de un Mundial? Mientras sueño,  repaso otra vez el cruce de cuartos por si mi corazón ha confundido a mi bolígrafo.

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