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Tonicruz

La hostia a Berlusconi

A Berlusconi le han partido la cara. Concretamente, dos dientes (ignoro si auténticos o enfundados)  y el tabique nasal. El mandatario dijo luego que se había salvado “de milagro”, porque incluso podría haber perdido un ojo. Cuentan que el agresor era un enfermo mental y que en el bolsillo los agentes le encontraron un spray picante, un crucifijo y otras dos estatuillas listas para ser disparadas.

Dicen que el dueño de Italia tendrá que estar veinte días de reposo. Y que al tal Tartaglia –no me negarán que tiene nombre de miembro de un clan de la ndranghetta calabresa por lo menos- le van a empurar por la "calidad de la persona agredida" y por "premeditación".

Vamos, que a Berlusconi le han dado una buena hostia. Una de esas que bien podría haber sido a rodabrazo, pero resultó ser un duomazo en toda regla. Le empotraron todo el goticismo de la bellísima casa de Dios (no es otra cosa lo que significa Duomo) a escala en su caraza. La estampa, de ser grabada, hubiera sido objeto de millones de reproducciones en youtube.

Aunque no muchas menos, dicho sea de paso, tendrá la del felliniano jerarca sangrando como jabalí en montería y con la expresión del terror bien marcada en su rostro.

A mí no me sorprende del todo la noticia. A Berlusconi (con más o menos razón) le llevan partiendo la cara en Italia desde hace años. Fue un loco, pero seguro -aunque dirán que no- imbuido del espíritu mediático de los manipuladores de opinión del signo contrario. Pero podría haber sido un esposo burlado, su propia esposa armada con un rodillo o una niña-amante harta de sus desprecios.

En cualquier caso, aunque la noticia sea trágica (cualquier hostia lo es porque implica la muerte del diálogo) no debe ser tampoco sacada de quicio. Antes bien, debe llevar a reflexionar sobre si, con la que está cayendo y lo fácil que es comprar una reproducción del Duomo (Milán no es caro, pero ese souvenir es accesible a cualquier bolsillo) es conveniente que los mandatarios se jueguen tanto el tipo. Porque imaginen si en lugar de en Milán se encuentra en París y le tiran cual dardo una torre Eiffel bien afilada. Acojona.

 

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