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Cruz I y Cruz II

(Artículo para la CCFP -publicación oficial del Córdoba C.F.- del encuentro correspondiente a la 7ª jornada de Liga Adelante 2013-2014 ante el Girona)

Fran Cruz y Bernardo (Cruz) representan lo mejor del fútbol. El lado eterno de este deporte que, como escribe Galeano, debería ser “esa locura que hace al hombre niño por un rato”. Fran y Bernardo son hermanos. Si jugaran en la época a la que, por casta y por entrega, corresponden serían Cruz I y Cruz II. Son dos jóvenes que corren y pelean como hombretones –como templarios- cuando se enfundan la blanquiverde. Dos que, desde que nacieron, han sido (bien) educados bajo un mismo techo y atendiendo a unas mismas premisas.

Fran y Bernardo, Bernardo y Fran, compiten en el fútbol profesional de la mano. Y lo han logrado merced a su entrega, su derroche, su dedicación y su calidad. Nadie les ha regalado nada. Son muy exigentes consigo mismos: lamentan sus errores y minimizan sus gestas convirtiéndolas en epopeyas colectivas.

Hace dos jornada, Cruz II –Bernardo-, refrendaba que había sido un honor debutar en un grupo humano como en el que se encuentra. Que no le había importado esperar. El pasado domingo, cuando el partido había terminado en Jaén, Cruz I –Fran- se dirigió a la esquina donde los aficionados cordobesistas se concentraron en el estadio de La Victoria. Quería agradecerles de corazón los kilómetros, la fidelidad y el apoyo. Allí se topó con la hostilidad de un grupo de seguidores locales. Fran –como hiciera en Los Cármenes el pasado verano- se detuvo delante de los suyos, les miró fijamente, les aplaudió y luego se dirigió hacia los jiennenses que les insultaban para señalarles con sobriedad y estilo lo que es una buena afición. La nuestra.

Eso pasa poco en el fútbol ahora. Desgraciadamente. Por eso se necesitan muchos jugadores como los Cruz. Como Cruz I y Cruz II.

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