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Tonicruz

La apariencia

Me cuenta una amiga que no quiere ir a una boda. Le pregunto por qué y me explica que la novia, íntima suya, le ha censurado que el vestido se lo comprase en Zara en lugar de en Juana Martín. Es más, requiere supervisar personalmente los zapatos a juego. Le pregunto el por qué de tal actitud (es algo que se me escapa) y la respuesta vuelve al comienzo de la conversación: “¿Ves? Por eso no quiero ir a la boda”.

Los enlaces matrimonales son nada más que la ola más evidente del mar de apariencias en el que vivimos. Una boda reúne todos los elementos que marcan nuestro carácter como seres humanos. Es decir, como indeseables. El primero, la hipocresía. La ceremonia, generalmente religiosa sin fe, se convierte en un mero formulismo rodeado de gasas y tules. Los congregados, con la mente puesta en el atracón posterior, repiten salmodias mientras ellas censuran a cualquiera que brilla más que la contrayente (ellos,a esas mismas, las alaban y luego en el servicio del convite las recordarán).

Una vez lanzado el arroz posan para los fotógrafos presentes familias que pueden o no detestarse unidas por el azar, la casualidad o un bombo. Se juntan conocidos y desconocidos atados por la obligación o por un grado mayor o menor de parentesco. Todos sonríen, aunque pocos desean hacerlo.

Llega la hora de comer y beber y aparece otro mal endémico: la gula. Como si no hubiera un mañana, los invitados se arriman a la mesa más caliente para compensar su dispendio económico. Es una proporción inversa: los que menos apoquinan son los que más jalan. Algunas ensucian sus vestidos carísimos de manchas de grasa. Otros apuran sus copas de vino hasta arriba mientras sonríen con la boca llena de frituras variadas. La cornucopia rebosante. El exceso. Almax llamando a la puerta del paraíso.

Ya hartos de comer, llega la hora de comer. Antes siempre cóctel de gambas, ahora inevitablemente alguna crema semideconstruída (medio tributo a los nuevos genios de la nouvelle cuisine). Tres o cuatro platos después -por fin- parece que se llegará a la barra libre, pero nunca es así. Se ha puesto de moda ostentar años de felicidad en común. En un desfile -siempre cursi, siempre prescindible, siempre kitsch- de imágenes se expone la vida en común de los amantes de Teruel de turno. Todas parecen tiznadas de rosa y púrpura. Desprenden cierta nostalgia del pasado de libertad que dejan. No hay nada de romántico y sí mucho de despedida de soltero/a en cada diapositiva. No son fotos, sino lágrimas que van a dar al mar que es el morir (el casarse).

Deprimidos y cansados, el beber cubalibres o gintonics y fumar puros se convierte en una necesidad de primer orden. Los rijosos ven frustradas (vemos frustradas) siempre sus lascivas intenciones al comprobar que la mayoría de las mujeres presentes van emparejadas o, simplemente, han sido enternecidas hasta el tuétano por el espectáculo previo y prefieren a un padre antes que a un amante (en las bodas la familia se impone al coito, siempre).

Así comienza el desfile lento e inexorable hacia el final de la apariencia. Las mejillas ruborizadas, el sudor empapando axilas y bajos. Baco juntando en desiguales grupos intergeneracionales a personas que por naturaleza se repugnarían. Todo armonizado por música siempre mala. Nunca hay tiempo para irse a otro lugar. Nunca hay tiempo para disfrutar la noche. Sólo para aborrecer un acto en el que, al final, casi todos caemos. Así es, volviendo al título de esta reflexión, nuestra condición humana: pura apariencia.

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3 comentarios

Isabel G. -

Con esta entrada, me has hecho tanto reir como sentir vergüenza por mí misma.
Y terminar de leerla y saber que volveré a caer en "pura apariencia".
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Charo -

Cuanta razon tienes!En Septiembre se casa mi hermano y su futura esposa lo tiene que supervisar todo,desde el traje del novio hast la textura del papel del wc...Cuanta tonteria!!Aún me compro el vestido en los chinos solo por fastidiar.Quiza con un poc de suerte no me deje ir a la boda,jaja.

David Aguilera -

Desde que leí "sin noticias de Gurb" del maestro Eduardo Mendoza, no había leído nada tan bueno ni con tantas verdades dichas en tan poco espacio de papel, aunque sea virtual, y de tiempo. Eres un crack.
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