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Londres (VI): Partido del Arsenal

Dormí durante estos pasados días en Londres en el suelo -a lo asiático- del piso que un amigo malagueño comparte con su novia japonesa. Para mi fortuna, el bloque de viviendas (más parecido a un colegio mayor que a un residencial) se encontraba justo enfrente del Emirates Stadium, casa del Arsenal. A 35 segundos, cronometrados por mi amigo. Para tentarme aún más, el malagueño tiene un carnet de simpatizante, que por un módico pago anual concede prioridad a la hora de obtener una entrada para cualquier encuentro (lo que no es poca cosa para los llenazos que se suelen vivir en la Premier).

“El Arsenal es el equipo de Londres”. Lo entrecomillo porque fue lo que me dijo Israel -así se llama mi amigo- y para que no se me enfade ningún fiel de los Spurs. Los gunners (así se les conoce a sus seguidores) odian al Tottenham con todas sus fuerzas, sobre todo porque les tienen al lado. Les tildan de rácanos (por aquello de su origen judío) y siempre que pueden recuerdan las ligas del 71 y de 2004 que ganaron en territorio enemigo, el vecino White Hart Line. Es el duelo del Norte de Londres, en cualquier caso. Considero -es una opinión personal- al Chelsea como un perpetuo tercero. A pesar de sus millones.

Ya había estado antes en el Emirates, pero no en día de partido. De aquella primera visita recuerdo que el guía -cuando conoció mi condición de andaluz- me confesó que José Antonio Reyes nunca había sido capaz de aprender una palabra de inglés, algo que le costó muy caro a la hora de acoplarse a pesar de que técnicamente había sido de los mejores que él -el cicerone podría superar ampliamente los sesenta- había visto jugar de rojo.

El día del partido comienza bien pronto. Era 31 de diciembre y desde las doce del mediodía -el choque era a las tres- miles de aficionados abarrotaban los aledaños del recinto. Hay muchos pubs que prácticamente viven de eso y que han de colgar por motivos de seguridad que únicamente permiten el acceso a seguidores locales.

Por fuera, el Emirates es una inmensa mole armoniosa de cemento y cristal. A pesar de ser una megaestructura no parece grosera ni ofende la dignidad del fútbol inglés. Además, sus accesos permiten entrar y salir con una facilidad pasmosa.

Por dentro, sorprende por lo acogedor. Antes de que empiece a rodar la pelota, los seguidores se agolpaban esperando la finalización del compromiso del United. Como los mancunianos pierden, ocupan su asiento alborozados. Tampoco les caen bien los red devils.

Me extrañó también que a apenas un cuarto de hora del inicio hubiese muchos asientos vacíos. Pensaba que los fieles cantarían a pulmón partido desde la previa, pero la calma chicha precedió los instantes previos.

Comienza el partido

A las tres menos cinco, en cascada, los aficionados fueron invadiendo el cemento y el estadio tenía el aspecto que yo esperaba. Para colmo, antes de sacar los contrincantes (el rival era el histórico Queen´s Park Rangers, también londinense y de aquí en adelante QPR, como se le conoce allí) fue homenajeado quien fuera gran central del Arsenal de los 90, Tony Adams, que además tiene una estatua fuera del estadio. Fue un día igualmente emotivo porque en el palco se encontraba otro jugador con estatua fuera pero que todavía juega y que, de hecho, ha vuelto ahora al Arsenal. Henry es algo más que un futbolista para ese campo y sus sinceras lágrimas -como las incipientes de Adams- así lo reflejan.

Es sencillo simpatizar con un equipo inglés cuando uno asiste a uno de sus encuentros en directo. Primero porque lejos de la imagen del típico hooligan que se tiene por aquí, el personal es bastante más educado y correcto que en España. Un ejemplo: me ubiqué en lo que sería una esquina del fondo sur del campo (35 libras pagué por ello, la entrada más barata) y, despistado, me equivoqué de localidad. Su dueño, un señor con apariencia despiadada y pinta de llevar tatuada un ancla en su brazo, se dirigió a mí con unas exquisitas maneras para mostrarme su abono e indicarme -tras ver mi pase- dónde debía sentarme.

Traté de captar mientras la pelota rodaba el mayor número de detalles posibles. Momentos únicos. Grabé una pancarta en la grada “Recuerda quién eres, qué eres y a qué representas”. Era una frase de David Rocastle (ex gunner). Tengo fresca también la chocante esfera del reloj (¿acaso traído del viejo Highbury?), que contrastaba con tanta modernidad. Tampoco se me escapó la mascota del club, una especie de lagarto que bien podría formar pareja con la de mi equipo favorito, Koki, el caimán de la Fuensanta.

Después de haber superado mi inicial aturdimiento por el espectacular ambiente (ya entonces sí que lo era), me centré en el juego. El Arsenal era mejor, pero el QPR contragolpeaba con peligro. Le faltaba mayor velocidad en el manejo de la pelota a los locales y, sobre todo, un delantero nato para empujarla a la red. El público abucheaba incesantemente al rival Joey Barton, luego supe que por tener una polémica vida privada (The Sun rules).

Walcott levantó a la grada después de fallar una oportunidad clamorosa y Arshavin -eso lo entendí perfectamente- demostró por qué es mucho menos querido que Arteta. Malísima la actitud del ruso.

Por fin, en el minuto 60 Van Persie aprovechó un pase al hueco para establecer el 1-0 que luego sería definitivo. En esos momentos las miles -unas 60.000- de gargantas del Emirates se pusieron de acuerdo para reventar primero y luego dedicarle su cántico al holandés (“He scores when he waaants/ he scores when he waants/Robin van Persie/ he scores when he waaants”).

De ahí hasta el final un poco de sufrimiento, un penalti no pitado (creo) a favor del QPR y unas cuantas fotos más a cualquier detalle que pudiera merecer la pena.

Cuando los focos todavía estaban encendidos ya estaba preparando el salmón escocés que sería nuestra cena de Nochevieja. Antes, me había encargado de felicitar el año nuevo a mis compañeros y amigos con un video grabado en el interior del campo de fútbol. En él expresaba mi deseo de que algún día, pronto, el Córdoba tenga que jugar allí. Y que yo lo viva. De sueños también se vive.

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1 comentario

Rafa Japón -

Lo verás, Toni, lo verás. Fe.
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