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Tonicruz

23-F, jamón y Chandón

Se cumplen hoy treinta años del infame, chapucero y deleznable último golpe de estado de la historia de España. Por mucho tiempo que pase, nunca se sabrá del todo la verdad de por qué sucedió lo que sucedió aquella jornada en el Congreso. Hay quien insinúa que fue una conspiración de la propia Democracia en pos de su regeneración, mientras que otros ojos ven en la tardía respuesta del Rey sombras de duda razonable sobre la propia postura del monarca.

Se puede dudar de las motivaciones del muy reaccionario teniente coronel Tejero a la hora de empuñar su pistola y hasta es justo calibrar hasta qué punto la guerra civil estuvo en el recuerdo en la proclama con la que Miláns del Bosch sacó los tanques a la calle en Valencia.

Pero de lo que no cabe sospecha alguna, y por eso el golpe retrata muy bien lo que es España, es sobre lo que movía a la soldadesca durante aquellas horas de febrero. Los civiles de Tejero no se dedicaron como los pretorianos que mataron en el 41 a Calígula a buscar un digno sucesor (por cierto eligieron a su sobrino Claudio, que era un desequilibrado). Antes bien, mientras su jefe hacía el trabajo sucio zarandeando a Gutiérrez Mellado -a quien para humillarle le llamaba “diputado”, aunque era un militar mucho más preparado que él-, los guardias armados se dedicaban al vil saqueo.

Según contaba ayer la web de El Mundo (http://www.elmundo.es/elmundo/2011/02/22/espana/1298399821.html ) sisearon en las más o menos quince horas que duró el asalto cerca de 250.000 pesetas de la época en viandas. Se bebieron 19 botellas de whisky, 18 de ginebra y 4 de Moët Chandon, un ritmo heroico que invita a imaginar conversaciones delirantes apoyadas en la culata de un cetme.

Uno se figura, marcialidad perdida, el humo de mil cigarrillos (54.800 pesetas se fumaron) en la asolada barra del bar del hemiciclo. Las preguntas que se harían y las respuestas inventadas apurando sus cardhús. Que esa es otra... ¿beberían cardhú o dyc? ¿Beefater o Larios? No son asuntos baladís. Tal vez de la calidad de los espirituosos dependió la suerte de la Democracia en este país.

Por eso, tal vez, las últimas imágenes que se recuerdan de los Guardias Civiles ya rendidos les retratan fugándose por las ventanas en lugar de saliendo por la puerta. Acaso fundidos por el estupor de lo cometido. Puede que azorados por su propia tajada. En suma, viviendo una resaca bestial basada en el más salvaje gorroneo. Un poco lo que estaba viviendo por aquel entonces el país después de la época cortijera de Franco. 

De eso va todo en España. De chupar, de comer y de beber todo lo que se pueda mientras pueda ser gratis. Conozco algunos en Andalucía que serían capaces de dar su vida por la rapiña. O su alma. Viva Baco y vivan sus cadenas.

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