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Todo es posible en Granada

Manolo Ortega (Manolo Escobar) proclamaba en una película del 81 que todo es posible en Granada. Él, un conductor de autobuses aficionado al cante que ofrecía espectáculos y cenas a los turistas en el Sacromonte, descubría en el film la existencia de una cueva en la que estaba enterrado el tesoro de un rey moro. Su felicidad, y por supuesto el orgullo de la España cañí, hacen que todo le parezca factible en una ciudad tan fascinante como Granada.

Fútbol cañí y una profunda entropía experimentaron ayer durante un buen rato los aficionados del Córdoba presentes y ausentes en el completo estadio de Los Cármenes. Sufrieron el más intenso de los desórdenes anímicos. Una bati-cao sentimental con regusto final a bacalao salado y a “se veía venir”. Otra historia repetida y otra pancarta plegada con desazón.

Ya resultó milagroso que el cielo se calmara justo para la mañana del compromiso. Tras varios días de chubascos y negros nubarrones, se agradeció el sol matutino, que se reflectaba primorosamente sobre los cerros blancos de Sierra Nevada. Unos picos mochos ya blancos y visibles desde el mismo estadio. El mejor indicador de que por mucho que la lluvia se tomara un respiro la rasca era considerable y apretaba sin piedad en la mañana nazarí.

Después, también y aunque parezca mentira, quedó una vez más palmariamente demostrado que este deporte sigue teniendo –por desgracia– mucho de primitivo. A piedras, bolazos y palos se emplearon los ultras de uno y otro equipo (Brigadas Blanquiverdes y Sección Kolokón) para expresar unas divergencias que arrancaron en la última visita del Córdoba, de la que ya hace cuatro años. Durante toda la semana unos y otros lucieron sus espolones de pelea y ayer unos, nada más bajarse del autobús, fueron a buscar a los otros al bar donde se congregan. Cuentan, aunque desde Brigadas lo desmientan, que también participaron en la refriega miembros de un grupo de Linares (Infierno Azulillo) con ganas de marcha. Cuentan que los locales estaban apoyados por gente de Jaén. Qué más dará. Como resultado, un herido (que se sepa) en el hospital y alrededor de catorce retenidos. Allá ellos. La mejor respuesta del resto de los cerca de 800 desplazados fueron los aplausos con sorna cuando desde el fondo radical de los locales se les insultaba. Incluso pedían, como ultracatólico con cilicio en mano, que les gritaran más. Sorprendente y plausible.

Más cosas aparentemente impensables: que en unos singularmente intensos primeros minutos su equipo regalara al aficionado blanquiverde un juego únicamente comparable al de las primeras fechas (ésas en las que perdían los partidos pero enamoraban). Los comentaristas del Plus, teniendo como tenían al local por el grande y al visitante como el pequeño, no salían de su asombro después del gol de Oriol Riera. De este modo, como en un irreal y colectivo sueño, el tesoro del moro parecía más cerca. Más real. Más palpable. Por un rato vieron a Boabdil llorar, cimitarras caídas y pesar por la numantina defensa de la portería ejercida por Navas y el resto de los suyos.

Pero, claro, ya advierte la historia que Numancia cayó y también discute que Boadbil realmente llorara. Por eso, y después de un asedio brutal y de un despilfarro clamoroso de ocasiones –también de un buen puñado de contragolpes torpemente fallidos por los visitantes–, llegó el empate final y se desmoronó el castillo de naipes._El triunfo que hubiera encumbrado a Alcaraz como estratega mesurado y prudente cambió otra vez a color caqui (o caca). Y eso que seguía aventando el solano.

El último par de imposibles llegaron en el post partido. El primero, que en la sala de prensa de Los Cármenes hubiera cuatro (¡cuatro!) bandejas de exquisitos canapés a disposición de la prensa. Cayeron todos, claro. El segundo, que en un restaurante de las inmediaciones del campo un supuesto pedazo de jamón superara la escala de dureza del diamante. Un crimen en la ciudad de la tapa. Una en la que quedó demostrado ayer que todo es posible. O casi.

(En papel, en El Día de Córdoba)

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1 comentario

Luis Alguacil M. -

Genial articulo. Para los que no estuvimos allí, lo has descrito que parece que hemos saboreado los canapés. Enhorabuena.
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