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Sexo para todos

Cuatro noticias en un mismo día. Cuatro tan diversas y con tanto en común. Primera, el presidente de Brasil Lula recomienda practicar sexo cinco veces al día como remedio contra la hipertensión ( http://www.elmundo.es/america/2010/04/26/brasil/1272318569.html?a=720f08d30fb996825f8e8ccf6ad4a9f2&t=1272327352&numero= ); segunda, el Cardenal secretario de Estado del Vaticano Tarsicio Bertone cuenta que aunque el celibato "no es intocable", su no observancia tiene unas consecuencias "muy dolorosas" ( http://www.elmundo.es/elmundo/2010/04/26/internacional/1272314205.html ); tercera, una pareja de gays que pone una denuncia a los responsables de una caseta de Feria en Sevilla porque les echaron por besarse en ella ( http://www.elmundo.es/elmundo/2010/04/26/andalucia_sevilla/1272287761.html) y cuarta, las dificultades que tienen los productores de una película norteamericana para colocarla en los cines en la que Ewan Mc Gregor y Jim Carrey tienen un romance -obviamente homosexual- en pantalla(http://www.elmundo.es/elmundo/2010/04/26/cultura/1272234595.html.).

De norte a sur y de este a oeste el sexo mueve el mundo. Es algo demasiado trivial para ser sacralizado y demasiado sagrado como para menospreciarlo. En Brasil las garotas son sensuales por definición. Pecar es sano, ficar es tan natural como comer y, por eso, las palabras de Lula son entendidas como algo absolutamente normal. Hacer el amor es un deporte saludable. Una bendita manera de liberar tensiones y de mantener la cabeza y el cuerpo ajeno durante unos gozosos segundos del dolor.

Una perspectiva totalmente contraria tienen en los Estados Unidos y en el Vaticano. Los norteamericanos, acaso la sociedad más hipócrita del mundo, se gastan un pastón en porno con la mano izquierda mientras con la derecha (siempre que no están zurrándose la sardina) se dedican a censurar y tachar todo aquello que no se ajuste a su aparentemente pecata mentalidad.

En la Santa Sede, claro, siguen creyendo que el sexo es malo porque no lo conocen. O, tal vez, porque lo conocen demasiado bien. Por eso, aún piensan que que se casen sus curas puede ofender a su Dios. A pesar de que no esté escrito en ninguno de sus sagrados textos ninguna disposición al respecto. Luego los Concilios impusieron el celibato entre otras cosas porque para los obispos de entonces casarse les resultaría un estorbo para poder follarse a todas las concubinas de las que disponían.

Lo de Sevilla no es sino el fiel reflejo de la estupidez de los señoritingos andaluces que, siempre enchaquetados, siempre con el caballo en la boca y en su corsé y siempre dispuestos a mirar por encima del hombro a cualquiera que no sea de su ralea se dedican a señalar con el dedo al diferente. Que echaran a una pareja de gays de la caseta tiene más delito si te tiene en cuenta que para entrar en una de ellas se ha de conocer a alguien de la misma.

Formas de ver la vida, formas de ver el sexo. Cada cual más o menos evolucionada en función de una herencia adquirida. Lo gracioso es que esa herencia, aunque no lo quieran ver los retrógrados, también llegó por otro vicioso acto sexual.

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