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La Noche Eterna

En un pueblo de Valencia, Paterna, unos hicieron una fiesta de fin de año que duró 50 horas (y porque les obligaron a parar). Boda gitana, orgía báquica… toda descripción debe quedar corta ante tamaño sarao. Habría que ver las caras de los participantes y, sobre todo, el índice de polvos de talco en su sangre.

Sin embargo, el trasfondo de la noticia no es sino el reflejo de una sociedad que ha hecho del desmadre su razón de ser. En invierno no está mal visto saturarse el cuerpo de alcohol. Ni acometer pantagruélicas comilonas de empresa, familiares, de conocidos, de primos que viven en Murcia… Cualquier excusa es buena para entregarse al consumismo físico más desquiciante. El que reporta como consecuencia gastritis, úlceras, migrañas y –en último caso- michelines de los que jamás se puede uno desprender.

 

No seré yo quien condene el hedonismo. Pero Epicuro de Samos decía que el placer es “la ausencia de dolor en el cuerpo y de inquietud en el alma”. Por eso uno, que también ha gozado y sufrido con igual rigor la pereza que suponen las Navidades, procura granjearse placer y dolor en partes iguales. La receta, que para algunos es insondable, a mi juicio es bien sencilla: Nunca bebas como si el mañana no existiera a no ser que realmente sea así.

 

 

Yo he bebido y comido sin tino alguna vez, alguna noche de otoño (y de verano, invierno y primavera). Y no me arrepiento de ello. Sólo me he arrepentido en aquellas oportunidades en las que el alcohol y la comida han sido deglutidas sin la compañía deseada, sin el rendimiento óptimo y sin la afortunada sensación de comprensión y complicidad. Porque, y esto también es de Epicuro: “Debemos buscar a alguien con quien comer y beber antes de buscar algo que comer y beber”. Y los de la fiesta de 50 horas –españoles y valencianos para colmo- estoy seguro que a partir de la hora nona ya no sabían ni qué comida beber ni que bebida comer. Y no es una sinestesia, ya me entienden.

 

Aquí la historia:

 

http://www.periodistadigital.com/ocio-y-cultura/sucesos/2010/01/04/el-cotillon-duro-mas-de-50-horas.shtml

 

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