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Yo estuve allí

(ARTÍCULO PUBLICADO EN CCFP -PERIÓDICO OFICIAL DEL CÓRDOBA C.F.-CON MOTIVO DEL CINCUENTENARIO DEL ASCENSO DEL 1 DE ABRIL DE 1962)

Yo estaba allí. Recuerdo perfectamente aquel primer día de abril del 62 como si fuera hoy. Mi padre me había invitado a los toros, que era la feria de Sevilla, pero le dije que ni chalado me iba a perder el ascenso de mi Córdoba. Había hecho a medias con mi compinche “El Pesquis” una pancarta con una sábana que afané en un patio de vecinos . Ponía: “Primera División por fin”. No era muy grande, pero sujetada por el palo de una escoba partida por la mitad quedaba muy aparente.

Nos montamos en el coche del padre de mi compinche (a mi madre le molestó mucho porque era una cobardica y prefería que me hubiera ido en el tren que salía a las cinco y cuarto de la mañana, pero yo odiaba madrugar) y nos pusimos morados con el fino que nos regalaron a mitad de caminos los de Bodegas Campos, que habían puesto un barril en el arcén de la carretera.

Las seis horas que tardamos se nos pasaron voladas conforme el efecto del alcohol se subía a nuestras cabezas. “El Pesquis”, su padre y yo nos quedamos pasmados cuando vimos la cantidad de camaradas que había en las gradas. El paisanaje de Huelva no se atrevía a mirarnos ni siquiera, aunque luego los ánimos se fueran calentando conforme vieron como fieras a los nuestros de blanco inmaculado y pantalón verde esperanza y fueron llegando los goles.

¡Y qué goles! ¡Qué derroche¡ Teníamos que empatar por lo menos para que no nos pasara el Málaga y nos sobró tiempo. Miralles coló tres y Homar el otro. Ni tiempo de tomar las pipas y los altramuces que llevábamos tuvimos. Cuando nos dimos cuenta, estábamos en mitad del campo llevando a hombros a Roque Olsen. Camino de los vestuarios vi abrazarse al presidente Salinas con el gobernador Mateu de Ros. Vi llorar a Benegas y saltar casi desnudado por la multitud a Juanín.

No tuvimos tiempo para dormir. Nos quedamos dando vueltas por las tabernas de Huelva en busca de compañía femenina, pero sabíamos que no debíamos demorarnos mucho porque en Córdoba se estaba liando monumental. Y al día siguiente, en la vuelta, no tuvimos ni que esperar a llegar al Meliá. Hasta La Carlota llegaban las colas de tartanas, vespinos, simcas, Fiats 126 y seíllas. En Vallellano había una pancarta que rezaba: “Córdoba saluda y felicita a su equipo”.

Cuando pudimos dejar nuestro coche a buen resguardo nos fuimos corriendo hacia la calle Calvo Sotelo. Allí, delante del Ayuntamiento, no cabía ni un alma. El alcalde Cruz Conde fue compartiendo impresiones con los protagonistas mientras una banda de música tocaba marchas deportivas que todos seguíamos divertidos.

Muchas horas después, embriagado de felicidad y de morapio, regresaba a casa donde mi madre -a la que se le había pasado el cabreo cuando comprobó la que se había liado en la ciudad- me había preparado un caldo caliente. Nunca olvidaré lo que me dijo: “Ea, ya estaréis contentos, ya tenéis a vuestro Córdoba en Primera, ¿no?”

 

P.S: Nunca estuve en Huelva en el 62. Todos los cordobesistas estuvimos en Huelva en el 62.

 

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