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El Mirandés y la luna

“La luna era una metáfora de lo inalcanzable”, escribió Carl Sagan una vez que el satélite ya había sido conquistado. El Mirandés, de tercera categoría, ha bailado al son de la luna en el lugar más sagrado del fútbol español. Ha jugado con honor por llegar a la final de la Copa del Rey. Ha competido obviando millones de impedimentos (de euros). Y ha vencido, aunque haya perdido.

Periodistas de toda España se han rendido y se rendirán a sus pies. Han glosado, glosan y glosarán con palabras mayúsculas la gesta de un puñado de semiprofesionales. Retratarán a Pablo Infante, el calvo de visión de juego privilegiado que trabaja en la banca. Describirán con todo detalle el añejo feudo de Anduva, tirando de todos los tópicos que abundan en el fútbol.

Hoy. Mañana. Con suerte durante un par de semanas.

Luego, todo volverá a ser el Madrid y el Barcelona.

Pero aún cabe un espacio para la esperanza. Todos los que amamos a equipos modestos, los que propugnamos la pasión innata por el sufrimiento, por la emoción de empatarle a un rival superior o de salvarse en un descuento... todos los que, en suma, preferimos optar por el camino más complicado en este deporte sabemos que el Mirandés le ha dado pastillas de ilusión a miles de personas. A millones.

Cuando la pelota circulaba con fluidez de una bota a otra en posesión de los jugadores burgaleses muchos ignorantes descoyuntaban sus mandíbulas, incrédulos, como diciendo: “Si saben jugar al fútbol...”. Otros, orgullosos, les mirábamos sintiéndonos suyos y considerándolos nuestros. 

Puede que el Mirandés no haya hecho que cambie España. Desde luego España ha hecho que cambie el Mirandés. De cualquier modo, la gesta de aquel equipo modesto que tocó la luna una noche de febrero no podrá ser comparada en el recuerdo por ninguno de sus seguidores en San Mamés con nada en el mundo. Ni una Champions, ni una Uefa, ni un Mundial...

Las gestas de los modestos, por raras, son mucho más intensas. Por eso recomiendo salir de los tópicos, porque a la luna es mejor llegar sin estrellas. El camino sabe mejor.

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