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El clásico

Nunca antes había visto jugar a un equipo como lo hizo el Barcelona anoche ante el Real Madrid durante treinta minutos de la segunda parte. Nunca, en mis veinte años de consciencia para este deporte, disfruté tanto de la interacción de un puñado de auténticos futbolistas sobre un campo. No es cómo tocaran el balón, es que siempre podían tocarlo. Los jugadores del Barcelona recuperaban ayer el dominio de cada situación con una pasmosa sencillez, pletóricos, y en menos de un segundo esbozaban las jugadas con tanta precisión que parecía una especie de plan celestial orquestado por una mente de inteligencia suprema.

De entre tanto bueno, debo culpar a Xavi de que las croquetas con espinacas de mi plato se enfriaran. De que mi coca cola se aguase y de que mi culo se quedase cuadrado después de un buen rato adoptando la misma posición sobre el taburete del bar donde disfruté del espectáculo. Si no le dan el Balón de Oro a este pelotero, no será realmente dorado. Ni siquiera será balón.

A su lado, hasta Messi parecía menor. Hasta Villa semejaba un simple ejecutor e Iniesta un fiel escudero. Todos danzaban festejando una pagana escena alrededor de lo redondo. Incluso Bojan, que sobra descaradamente entre este elenco de figuras (hay delanteros en el filial con más margen de progresión), fue capaz de implicarse cediendo en bandeja el quinto a Jeffren.

Y todo lo hicieron ufanos. Ajenos al resultado. Porque el resultado, siendo fieles a este fútbol que saben y pueden practicar, no es objetivo sino lógica consecuencia. Mourinho, que es un fantástico entrenador con un puñado de jugadores menores, tuvo que reconocer la palmaria (de palma de mano) realidad. Que ayer lo que hizo su rival no fue natural. Fue una exhibición fabulosa.

Eso sí, queda desear que nunca más se propondrá la candidatura de Cristiano Ronaldo al trono de mejor del mundo. Cada vez se parece más a sí mismo. Al típico macarra abusón de patio de colegio que castiga a los más débiles con suficiencia y se acongoja ante los fortachones. Él se supone que es el más apto -yo lo discuto- de una plantilla a la que le queda mucho por recorrer. De proyectos interesantes -Özil y Khedira, hoy perdidos, Di María...- a los que lo de ayer les pilló el parto aún sietemesinos. De los golpes se aprende, pero sobre todo del fútbol se aprende. Y el de ayer del Barcelona fue terapéutico para esta nuestra querida y generalmente monótona Liga (escocesa).   

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