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Tonicruz

Dos hámsters

Tengo dos hámsters rusos. Uno -el macho, creo- se llama Vestrynge Segundo. Otro -hembra, me figuro- lleva por nombre Macnamara. Viven en una jaula en tonos naranjas. Tienen en su microcosmos particular una rueda que giran de manera frenética como forma de descargar angustia. También cuentan con una pequeña casita con puerta y ventana (es muy cómico verles asomar la cabeza por ella). Completan su escenario vital una escalera, un poco de algodón, un bebedero y un comedero. Y muchas pipas mordisqueadas tiradas por el suelo.

Les veo correr y moverse, sobre todo por la noche. No paran. Tal vez todas sus reacciones estén genéticamente prediseñadas. Quizás hagan exclusivamente lo que deben hacer. Para lo que están preparados. A veces se arropan entre el algodón, o compiten por girar la rueda en una u otra dirección. Incluso da la sensación de que porfían de vez en cuando como en broma, emitiendo un divertido aullidito.

A lo mejor es mi estúpida y simplista percepción, pero cuando les miro les percibo felices en su supuesta esclavitud. No noto que esa su vida lineal, sin días, sin meses y sin planes represente una tortura. Afrontan su situación con un estoicismo y una tranquilidad envidiables.

Si, son animales ínfimos. Apenas viven un par de años y en la naturaleza ocupan los penúltimos peldaños de la escala trófica. Sin embargo, les noto tan libres en su jaula naranja y rodando dentro de su bola amarilla que a veces me pregunto si no estamos todos equivocados. O si no estamos todos dentro de otra enorme jaula con una casita muy muy pequeña.

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